Responsabilidad del fabricante por falla en airbag

Gastón Dell’Oca
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Sumario: I.- Introducción. II.- El fallo. A.- Antecedentes. B.- La decisión del tribunal. III.- El defecto como actuar antijurídico. IV.- Responsabilidad. Exoneración. V.- Uso indebido del producto. VI.- Conducta del concesionario. VII.- Conclusión.

I.- Introducción

La Sala D de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial dictó el 16 de mayo de 2012 sentencia en “Bundai Carlos M v. BMW de Argentina S.A. y otro”. La decisión cuyo comentario acometemos en estas líneas y el caso judicial que le sirve de antecedente resultan paradigmáticos de situaciones frecuentes en el mercado local. Cada vez con más frecuencia encontramos reclamos de consumidores que han adquirido automotores y alegan, a poco de usarlos, defectos de fabricación. Son éstos, sin duda, productos con particularidades destacadas tales como su precio considerable y las posibles consecuencias de algunas de sus fallas de producción. En el caso particular analizado se trata de un vehículo de alta gama; por ello el consumidor, puede tener mayores expectativas de que el producto no presentará fallas de fabricación, menos aun que esas fallas serán causa de importantes daños a sus pasajeros.

Un aspecto importante del fallo comentado es la responsabilidad concurrente que se establece, configurada por el llamado “uso indebido del producto” por el consumidor. También analizamos la conducta del concesionario después del accidente sufrido.

De ahí pues el interés que esta decisión –que creemos no estará libre de controversia- reviste como disparador para discurrir sobre ciertos principios del derecho del consumo y las tendencias judiciales al respecto.

II.- El fallo

A.- Antecedentes

Como bien se encargó de reseñar la Cámara Comercial, el Sr. Bundani promovió demanda contra BMW AG, BMW de Argentina S.A. y Sergio Trepat Automotores S.A. a fin de obtener resarcimiento por los daños y perjuicios que dijo haber padecido como consecuencia de un accidente a bordo de su automóvil, fabricado por uno de los demandados y comercializado por los otros dos.

Quedó acreditado en la causa que el actor conducía el vehículo por la autovía 2 con destino a la ciudad de Mar del Plata a una velocidad de entre 130 y 150 kilómetros por hora, cuando al intentar sobrepasar un vehículo por la derecha – se trata de una ruta de doble mano por sentido – debió frenar bruscamente, reventándose el neumático delantero derecho. Esto ocasionó que el automóvil saliera a gran velocidad de la ruta y volcara bruscamente.

La sentencia de primera instancia hizo lugar parcialmente a la demanda y reconoció la suma de $ 500.000 en concepto de daño emergente, $ 2.000.000 para indemnizar el lucro cesante y $ 2.000.000 por daño moral, más intereses y costas. Además, estableció la “culpa concurrente” del actor por haber conducido el vehículo a una excesiva velocidad.

B.- La decisión que comentamos

Apelada la sentencia por ambas partes, fue llamada a decidir la Sala D de la Cámara Comercial. Adelantamos que la decisión de la Alzada fue confirmatoria de la anterior instancia con la sola modificación de los montos indemnizatorios, que se fijaron en $ 561.000 para el lucro cesante y $ 800.000 para el daño moral. Además estableció la culpa concurrente del actor en un cincuenta por ciento (50%).

La decisión de segunda instancia giró en torno a cuatro aspectos básicos de la cuestión, a saber: a) la existencia de defecto en el producto; b) modo en que se produjo la lesión; c) responsabilidad del actor; y d) la conducta del concesionario.

a) En cuanto a la existencia de defecto, en este caso y como sucede muy a menudo en el campo de la responsabilidad por productos elaborados, no se produjo en juicio prueba terminante sobre el punto.1 De la lectura de la sentencia surge que la parte actora imputó como causa eficiente de los daños el hipotético bloqueo de las ruedas (falla en el sistema de ABS) y falta de funcionamiento adecuado de las bolsas de aire (airbags).

Ninguna prueba se produjo tendiente a demostrar la falta de funcionamiento del sistema antibloqueo de los neumáticos (ABS), por lo que fue descartado tanto en la sentencia de primera instancia como en la que comentamos.

En cuanto a las bolsas de aire, es importante resaltar que el vehículo contaba con airbags laterales y frontales tanto para el conductor como para el acompañante, siendo estas últimas las únicas que se activaron. Ello pese a que los mayores daños en el automotor fueron producidos del lado del conductor.

Para tener por probado el vicio de fabricación del vehículo, la sentencia tuvo en cuenta que: (i) no se activaron las bolsas de aire del lado del conductor (laterales y frontales) y si se activaron las del acompañante (laterales y frontales), (ii) el manual del fabricante expresamente establece que los airbags ofrecen protección en caso de colisión lateral o frontal, (iii) se produjeron golpes de magnitud en el rodado que por su ubicación deberían haber provocado el accionamiento de los airbags laterales y frontales, (iv) es indistinto que el defecto sea de fabricación o por una deficiente reparación realizada en el servicio técnico del concesionario, puesto que en nada modifica las consecuencias del hecho que se traducen en la responsabilidad objetiva del vendedor como del fabricante por el vicio que presentó el vehículo y (v) comprobado el defecto solo pueden eximirse de responsabilidad quien pruebe responsabilidad de la víctima o de un tercero por el cual no debe responder.

b) Quedó fuera de controversia que el actor padeció, a consecuencia del accidente, ruptura de su médula, provocándole una paraplejia que le impide casi todo movimiento. Si bien la experticia médica poco dijo sobre la mecánica del golpe que habría producido la ruptura de la médula, la sentencia consideró acreditado el nexo causal entre el accidente ocasionado por el vicio del rodado y la lesión sufrida por el Sr. Budani.

Descartó la sentencia – siguiendo al perito – que la lesión se hubiera producido por la actuación de un tercero ajeno (el actor fue retirado del auto por dos personas que pasaban por el lugar) ya que concluyó que para ese momento el daño ya se había producido. La Cámara basó su sentencia en el hecho que los airbags hubiesen brindado cierta protección al actor y si bien no se pudo determinar si dicha protección habría impedido la producción de la lesión, no puede tal circunstancia tener un efecto adverso a quien resultó lesionado cuando se encuentra probado que existieron fallas en los sistemas de seguridad del automóvil. Después de todo, la esposa del actor, quien iba de acompañante al momento del accidente y cuyos airbags sí funcionaron no sufrió graves lesiones.

c) El actor reconoció al demandar que circulaba a una velocidad un cincuenta por ciento (50%) mayor a la permitida por ley. Además, al ser inspeccionado el vehículo se encontró una unidad detectora de banda de radares policiales que miden la velocidad de los automóviles. Esto llevó al tribunal a concluir que no sólo el actor infringía las leyes de tránsito, sino que premeditaba esa conducta adquiriendo dispositivos para evadir controles policiales.

Sostuvo el fallo que si bien la conducta del Sr. Budani influyó en la producción del accidente, no alcanzó para eximir de responsabilidad al fabricante y al concesionario de su responsabilidad.

d) En cuanto a la conducta de concesionario demandado (que vendió el automotor), el fallo hizo hincapié en que recibió el vehículo siniestrado de la cónyuge del actor como depositario, para que lo custodie hasta tanto se reclame su devolución. La concesionaria – dijo el fallo – estaba obligada a restituir la cosa en idénticas condiciones en que fue recibida (art. 2182 Cód Civil) salvo que la misma se hubiese dañado o deteriorado sin su culpa. Por el contrario, al momento de realizarse la pericia mecánica, el perito pudo constatar faltantes de magnitud, que le impidieron realizar su labor y de esa forma arribar a conclusiones con mayor certeza sobre la eventual falla de fabricación de los airbags. Este incumplimiento por parte de Sergio Trepat Automotores S.A. – que debió haber actuado como comerciante experto (art. 902 Cód Civil) – le impedía eximirse por las pérdidas sufridas por el vehículo durante la guarda que, por otro lado, imposibilitaron el peritaje sobre el funcionamiento del airbag.

III.- El defecto como actuar antijurídico2

Ya hemos dicho que en los daños ocasionados por productos elaborados la antijuridicidad se patentiza a través del defecto del producto en la medida en que el mismo implica introducir un riesgo que se termina concretando en daño.3 Si bien en la doctrina y jurisprudencia nacional muchas veces se refiere a vicio o defecto del producto como sinónimos, nos encontramos que, como bien recuerda Pizarro, “la ley argentina no hace referencia a los daños causados por productos defectuosos (ni menos aún define qué se entiende por productos y qué por producto defectuoso), sino que utiliza una terminología fuertemente emparentada con el artículo 1113 CCiv.: daños resultantes del riesgo o vicio de la cosa (o de la prestación del servicio)”.4 En igual sentido se ha expresado el legislador al incorporar el art. 40 a la Ley de Defensa del Consumidor. Parece entonces que en nuestro derecho, el defecto queda comprendido en los conceptos de vicio y riesgo (que a su vez aprehende al vicio).

“Vicio es un defecto de la cosa, de fabricación (u originario) o sobreviviente (desgaste, cansancio de materiales, mal o excesivo almacenamiento, rotura, etc.), que la hace impropia para su destino normal o funcionamiento regular”.5 Es decir, una cosa es viciosa cuando presenta un defecto de fabricación, de funcionamiento, de conservación o de información, que la tornan inepta para la función a que está destinada de acuerdo con su naturaleza. Se ha dicho también que el concepto de vicio puede extraerse del texto del art. 2164 CCiv., en cuanto define los vicios redhibitorios. Así, el vicio consiste “en los defectos ocultos de la cosa que la hacen impropia para su destino”.6 Pero ese vicio se torna relevante para la responsabilidad civil cuando se convierte en defecto, es decir, con “virtualidad suficiente para convertirse en una fuente potencial de riesgos para terceros conforme lo que sucede según el curso normal y ordinario de las cosas”.7

La doctrina en general, siguiendo al derecho comparado, ha caracterizado – ante el reclamo por daños ocasionados por productos elaborados – tres tipos posibles de defectos: defectos de fabricación, defectos de diseño y defectos en las instrucciones o información brindada junto al producto. Si bien nuestro ordenamiento jurídico no hace esta distinción, podemos subsumir cada uno de los defectos antes mencionados dentro de la noción de vicio.

Claramente el supuesto contemplado por el fallo bajo análisis encuadraría dentro de los denominados defectos de fabricación. Estos se caracterizan por la disconformidad entre un producto determinado y los demás de su serie o, también, por la disconformidad entre una unidad-producto y el diseño que debió seguirse en su manufactura. Prácticamente no existen en doctrina divergencias en punto a esa definición. Así, se ha dicho que “existirá un vicio de fabricación cuando en la elaboración del producto se introduce al mismo una característica que el fabricante no deseaba que el producto tuviera. Tal característica puede revestir cualquier naturaleza (por ejemplo puede consistir en la omisión de incluir partes del producto, no ajustar suficientemente sus partes, incluirle partes equivocadas, no someterlo a procesos químicos, etc.), lo único requerido es que el fabricante no quería que existiese en el producto la característica en cuestión y que la misma, de alguna manera, se introdujo en el proceso de fabricación”.8

Concluimos pues, que el obrar antijurídico de los demandados se encuentra dado por el defecto de funcionamiento de los airbags incluidos en el vehículo del Sr. Budani.

IV.- Responsabilidad. Exoneración

En un régimen de responsabilidad objetiva, como aquel en que ha devenido la materia de los daños por productos elaborados, el demandado se exonera probando la interrupción del nexo causal, es decir, que la causa le ha sido ajena. En ese concepto de interrupción de nexo causal o causa ajena se pueden subsumir todos los supuestos que se mencionan de ordinario, esto es, el hecho o culpa de la víctima, el hecho de un tercero por quien no se deba responder, o el caso fortuito ajeno a la cosa y a la actividad.9

En el caso bajo análisis los demandados se defendieron argumentando culpa de la víctima como elemento interruptor del nexo causal entre el defecto y el daño. En efecto, uno de los argumentos utilizados por la defensa se refiere a que el Sr. Budani conducía el automóvil a una velocidad que superaba ampliamente la permitida legalmente. Según la sentencia comentada, esta violación a las normas de transito fue además premeditada por el actor. El tribunal entendió así que la conducta de la victima fracturó parcialmente el nexo causal.

Recordemos que la conducta de la victima puede tener relevancia en la generación del resultado dañoso al punto de eximir al demandado de responsabilidad, total o parcialmente. De lo que se trata es de determinar que la conducta del damnificado desplazó como causa adecuada al riesgo o vicio de la cosa. En este caso en particular, por tratarse de una conducta querida por la victima – intencional – es eficaz para interrumpir el nexo causal, aunque, como hemos dicho, no en forma total. El fallo expresa en este sentido que “es razonable pensar que de haber conducido dentro de los límites que marcaba la ley de tránsito y las velocidades permitidas, el actor hubiera evitado el accidente o sus consecuencias hubieran sido de menor trascendencia. Pero también lo es que, de haber funcionado correctamente el sistema de airbag del vehículo, las lesiones de Budani hubieran sido de una gravedad mucho menor.”

V.- Uso indebido del producto.

La culpa de la víctima se presentará en nuestra materia, muchas veces, relacionada con el uso indebido del producto o su alteración riesgosa posterior a la salida de fábrica. Y, a decir verdad, es acertada la referencia de algunos tribunales y doctrinarios a las infinitas posibilidades de uso indebido de un producto que pueden presentarse.10

En el campo de los daños derivados de productos elaborados el uso indebido del producto tiene gran importancia. Se trata de acoger una regla del derecho común que podemos caracterizar de la siguiente manera: no corresponde indemnizar a quien ha ocasionado su propio daño (art. 1111 Cód. Civil).

Ahora bien, en el caso que comentamos, entendemos que la cosa no fue utilizada con una finalidad diferente para la que fue fabricada. De hecho, el vehículo del actor estaba preparado para circular a mayor velocidad que la permitida por las leyes de tránsito de nuestro país. Excede largamente el presente trabajo determinar si esta circunstancia torna al producto en defectuoso per se. Sin embargo, no podemos dejar de mencionar que el producto debe elaborarse teniendo –o debiendo tener- en cuenta un uso previsible por parte del consumidor, incluyendo no sólo los usos normales o apropiados sino también aquellos no habituales pero previsibles dentro de una razonabilidad objetiva, de tal modo que deben quedar excluidos los usos completamente irracionales. Por “uso indebido” entendemos entonces aquel que es anormal o imprevisible ante el destino para el cual fue creado determinado producto. Si bien se le puede exigir al fabricante que prevea cómo puede actuar el destinatario del producto, anticipándose a comportamientos comunes, no puede pretenderse que advierta sobre usos objetivamente imprevisibles que se erigen en verdaderas consecuencias remotas (art. 906, Cód. Civil).11

VI. Conducta del concesionario.

No pretendemos en este trabajo analizar el contrato de depósito que habría existido entre la cónyuge del actor y la concesionaria Sergio Trepat Automotores S.A. Pero no queremos dejar de mencionar algunas consecuencias jurídicas que se derivan de la conducta de uno de los integrantes de la cadena de comercialización de un producto frente al consumidor o usuario.

Según resulta de la sentencia que comentamos, el automotor siniestrado presentaba gran número de faltantes al ser inspeccionado por el perito mecánico. Estos faltantes no constaban en la pericia policial realizada en forma contemporánea con el accidente. Esto habría llevado a que el perito no pueda expedirse sobre el funcionamiento de los airbags. Situación que “impidió que se demostrara la ausencia de vicio de la cosa y eventualmente la eximición de responsabilidad de los demandados.”

En el caso en particular, la responsabilidad por la conservación de la cosa a peritar quedó en manos de uno de los demandados, por ser quien tenía la guarda de la cosa conforme se acreditó durante el juicio. Esto fue suficiente para que el juzgador sostuviera su responsabilidad ante la imposibilidad de realizar la pericia sobre el supuesto elemento defectuoso, liberando – de alguna forma – al actor de acreditar el vicio. Más aun cuando se trata de una relación de consumo amparada por el art. 3 de la ley 24.240 y sus modificatorias.

Hemos tenido oportunidad de referirnos a las conductas desplegadas por los integrantes de la cadena de comercialización de un producto al decir que en ocasiones el fabricante o distribuidor asiste al consumidor para resolver –ante su reclamo- los problemas que presentan los productos adquiridos por éste. Ello aun después de finalizado el periodo de garantía, o ante un uso incorrecto. Esas conductas pueden tener una doble lectura o interpretación, bien contradictorias, cuando -a posteriori- se analiza el reclamo de daños causados por el producto, haya sido o no superado el vicio por el fabricante. Esta conducta –en definitiva– debe ser valorada por el juez al sentenciar.12 Del lado del fabricante, esta conducta suya debería estar estrechamente relacionada con políticas comerciales de satisfacción al cliente, sin que pueda reconocerse responsabilidad alguna de su parte. Por otro lado, la jurisprudencia ha querido ver en la intervención del fabricante posterior al hecho dañoso un indicio de su responsabilidad. Así, la atención a la víctima, o las reparaciones más allá del plazo de garantía del producto o, en fin, cualquier liberalidad hacia el perjudicado se han entendido como verdaderos reconocimientos de responsabilidad.

Si bien en el caso analizado no creemos que haya dudas sobre la postura que debe asumirse respecto de la conducta del demandado, esto no puede generalizarse en el sentido de ser un reconocimiento de responsabilidad. Abogamos para que se realice un verdadero análisis de la situación particular presentada al Juez, puesto que existen innumerables empresas con verdaderas políticas de satisfacción al consumidor, más allá de lo establecido en la letra de la ley.

Sin embargo, en lo que a la conservación de las pruebas se refiere, creemos que cuando hay imposibilidad o dificultad extrema de producir una prueba por la conducta ilícita, desinteresada o descuidada de la parte contraria, en violación de los principios fundamentales del derecho probatorio antes enunciados, se debe exonerar de su producción a la parte que carga con las consecuencias de su falta de producción. No se trata de modificar la distribución de la carga de la prueba, sino más bien de exonerar de prueba al hecho, generándose una presunción a favor de la parte impedida de producir la prueba.13 Los códigos procesales de la Nación y de las provincias aplican un criterio análogo en situaciones tales como la confesión ficta, ante la incomparecencia de la parte que debe absolver posiciones, el reconocimiento tácito de documentos, cuando se desoye la citación respectiva, o las presunciones que derivan de la falta de exhibición de prueba instrumental que se demuestra existente.14

VI.- Conclusión

En los casos de responsabilidad por el uso de productos elaborados, la antijuridicidad – presupuesto necesario para que nazca el deber de reparar – está dado por el defecto que presenta el producto elaborado, utilizado en forma adecuada. Por uso indebido del producto debe entenderse aquel que es anormal o imprevisible ante el destino para el cual fue creado determinado producto. El fabricante debe prever el comportamiento ordinario del consumidor pero no puede pretenderse que se anticipe a usos objetivamente imprevisibles, que serían consecuencias remotas en los términos del art. 906 del Cód. Civil. En cualquier caso, al servir el uso indebido como eximente de responsabilidad, su configuración no se presume en ningún caso y debe ser debidamente probada por el elaborador o proveedor que pretende liberarse.

Respecto a la prueba del vicio de la cosa, si bien es el reclamante quien tiene su carga15 no es menos cierto que esta regla se ha visto flexibilizada por presunciones, por la objetivación de la responsabilidad y por las denominadas cargas probatorias dinámicas. Es por ello que se debe exigir a todas las partes del proceso una participación activa en la conservación y producción de las pruebas que servirán al Juez para resolver las diferentes pretensiones que se le presentan. En este sentido, deberá cargar con las consecuencias de su actuar quien no cumple con esta premisa. Así lo entendió el tribunal al sentenciar.

Finalmente, no podemos dejar de aconsejar la lectura del fallo que sirve de precedente a este trabajo. Hemos tenido oportunidad de comentar otra sentencia de este tribunal16 y siempre nos es grato ver que arriba a conclusiones bien fundadas, resultando siempre formativas para los interesados en la materia.

1 Sprovieri, Luis E. – Dell’Oca, Gaston. “Reparación en garantía, reemplazo del producto defectuoso y otras lecciones de un fallo interesante”, RDCO, vol. 2009 – B, Abeledo Perrot, 2009, p.884.

 

2 Ver: Sprovieri Luis E., “El concepto de defecto en la responsabilidad por productos elaborados”, RDCO, vol. 246, Enero – Febrero 2011.

 

3 Sprovieri Luis E. – Dell’Oca Gastón, “Daños por productos elaborados”, Buenos Aires, Abeledo Perrot, 2012, p. 228.

 

4 Pizarro, Ramón D. “Algunas reflexiones en torno a la relación de causalidad, a la legitimación pasiva y a las eximentes en la responsabilidad civil por productos”, Revista de Derecho de Daños, Rubinzal Culzoni, vol. 2003-2, p. 321.

 

5 Kemelmajer de Carlucci, Aída y Parellada, Carlos A. “La responsabilidad por el empleo de las cosas”, en “responsabilidad civil”, Mosset Iturraspe, Jorge (director) y Kemelmajer de Carlucci, Aída (coord.), 2ª reimpresión, Hammurabi, Buenos Aires, 1987, p. 388.

 

6 Garrido, R.; Andorno, L. “El art. 1113 del Código Civil”, Hammurabi, Buenos Aires, 1983, ps. 412/413.

 

7 Pizarro, Ramón D. “Responsabilidad civil por riesgo creado y de empresa”, cit., t. II, p. 124.

Una cosa es viciosa cuando la irregularidad que presente, sea por defecto de fabricación o de mala calidad la tomen inepta para la función a que esté destinada y esa irregularidad, ajena al hecho del hombre, la transforme en una fuente potencial de daños en los términos de la norma citada [art. 1113 CCiv.]” (C. Nac. Com., sala A, 14/4/2000, “E., S. M. y otros v. Villalba Hnos. S.R.L.”, LL 2000-E, 261; DJ 2000-3-750; RCyS 2000- 765).

 

8 Kelly, Julio A. “Responsabilidad del fabricante por vicios del diseño”, LL 1993-D-1023.

 

9 Mal podría hablarse de concurrencia de culpas ya que en el marco de la responsabilidad objetiva no hay “culpa” del demandado que pueda ser identificada y que pueda “concurrir” con la culpa del actor damnificado.

 

10 Ver al respecto: Sprovieri Luis E. – Dell’Oca Gastón, ob. cit. p. 324.

 

11 Sprovieri, Luis E. – Dell’Oca, Gaston. “Reparación en garantía, reemplazo del producto defectuoso y otras lecciones de un fallo interesante”, RDCO, vol. 2009 – B, Abeledo Perrot, 2009, p.884.

 

12 Sprovieri Luis E. – Dell’Oca Gastón, ob. cit. p. 506.

 

13 Sprovieri Luis E. – Dell’Oca Gastón, ob. cit. p. 514.

 

14Advierto que la falta de virtualidad probatoria en el informe pericial mecánico obedece a la negativa de Ferrarotti S.A. en poner a disposición del experto el motor siniestrado. Obsérvese que, a fs. 179 se intimó a la defendida en los términos del art. 388 del Cód. Procesal a que informara dónde podía concurrir a examinarlo. No obstante, y a pesar de encontrarse debidamente notificada no cumplió con el mandato; ergo a fs. 225 se dispuso tenerlo presente para el dictado de la sentencia definitiva. Acótese que, el testigo R. P. C., mecánico de la accionada, declaró que el motor está “en el taller de Ferrarotti, me consta porque nosotros lo dejamos ahí” (C. Nac. Com., sala B, 29/12/2005, “González Medina, Rosalino C. v. Peugeot Citroen Argentina S.A. y otro”, LL Online AR/JUR/8222/2005).

 

15 Art. 377 del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación.

 

16 CNCom., sala D, 12/3/2009, “Giorgi, Carlos G. v. Ford Argentina S.A.”, RDCO, T. 2009 – B, Abeledo Perrot, 2009, p.873.